El Tío Sam ya no nos protege: y ahora, ¿qué ejército defiende a Europa?

La victoria de Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, significa muchas cosas para el mundo entero. Para la Unión Europea significa, fundamentalmente, dos cosas: pone en riesgo la política comercial de la UE (en referencia clara al TTIP) y conlleva, seguramente, la pérdida de la protección de EEUU con la que hemos contado desde el final de la II Guerra Mundial. Este segundo punto es tremendamente trascendente.

Los líderes europeos son conscientes de ello. Este domingo se celebró una cena en el edificio de los Servicios de Acción Exterior de la UE para los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión, invitados por Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea, a petición del ministro alemán. “Es la reunión del pánico” bromeaba unos días antes una alta fuente europea. Bromeaba, pero no tanto.

¿Qué pasa con la defensa europea? ¿A quién importa eso?

Pues bien, hay varios asuntos fundamentales a entender. Lo primero: Trump ha sido claro y quiere que todos los países cumplamos con el 2% del PIB que debe ir destinado a la OTAN. Solo Polonia, Estonia, Reino Unido y Grecia cumplen con ese compromiso, y España está junto con Bélgica y Eslovenia en el grupo de los que menos invierten.

Donald Trump pide un aumento del 55% de nuestra inversión en la OTAN a nivel UE, unos 90.000 millones de euros. “Se va a quedar solo y con cuatro más”, comentó otra fuente a los pocos días de que ganara las elecciones.

Tras esa cena “del pánico”, al día siguiente hubo Consejo de Asuntos Exteriores y por la tarde se unieron los ministros de Defensa. El objetivo está claro: si Trump nos retira la protección debemos buscar nuestra propia forma de defendernos. Por primera vez estamos a la intemperie, y los vientos polares llegan desde Rusia, que ahora se muestra como un posible aliado de Washington, pero que no deja de atosigar al este de Europa, además de haberse anexionado Crimea, que pertenece a Ucrania.

El plan, que en un principio algunos se atrevieron a llamar ‘ejército europeo’ (ya nadie se refiere a él así), consiste, básicamente, en ponernos las pilas en los aspectos militares e invertir en la coordinación de las acciones militares de los Estados miembros teniendo cuarteles propios, aunque la UE evita ese nombre y le llaman ‘Capacity Building for Security and Development’. Que es lo mismo que una base, pero con otro nombre. Es una práctica muy de la UE.

El problema es que en el seno de la UE hay grandes diferencias en cómo se observa esto. Básicamente los países que encabezan esta opción de ‘La Europa de la defensa’ son Alemania, España, Francia e Italia.

Pues bien, aquí se terminan las facilidades. Aunque tras el Consejo del martes, en el que se reunieron los ministros de Defensa, la española María Dolores de Cospedal asegurara que las posiciones podrían ser más cercanas, lo cierto es que las distancias siguen siendo grandes.

¿Pero quién es quién en esta historia?

Irlanda, Austria y Suecia se encuentran en un grupo de neutrales. “Neutrales, ¿contra quién?”, se preguntaba el pasado viernes la citada fuente. Los países del Báltico, Polonia, Holanda, Dinamarca y los de Visegrado prefieren invertir en la OTAN y no en un proyecto de defensa europeo, y Bélgica no puede aportar dinero al proyecto.

Hasta ahora solo Reino Unido había estado en contra de estas actividades, y son muchos los que se han sorprendido al ver cómo se han destapado las posturas de algunos de los países citados. Especialmente dolidos por el cambio de posición de Holanda, fuentes europeas explican que países del grupo de Visegrado como Hungría, que públicamente se posicionan a favor de una defensa europea común, cambian de posición cuando se cierran las puertas y no hay cámaras apuntando.

La Comisión Europea lleva tiempo trabajando en la mejora de la defensa europea, que no la considera como un elemento meramente militar: hoy mismo ha presentado un mecanismo parecido a la ESTA norteamericana y que hará que los países exentos de visas tengan que pagar 5 euros y realizar esta petición.

Bruselas quiere financiar los proyectos de investigación y desarrollo de la industria militar para incentivar más a los países a gastar más en defensa. La Comisión presentó su plan el martes en el Consejo de defensa, y según fuentes europeas esta propuesta consistiría en un paquete de 90 millones para el periodo 2017-2019 y otro, mucho más ambicioso de unos 3.500 millones de euros para el periodo 2020-2023.

Ese proceso de financiación sería un poco complejo: a través de ‘bonos militares’, del presupuesto de la UE y también se realizaría a través del Banco Europeo de Inversión (BEI), que actualmente imposibilita en sus estatutos la financiación de proyectos militares, lo que obligaría a cambiar dicha norma.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ha intentado colaborar con la UE, que quiere convencer de que una apuesta por una defensa europea en ningún caso iría en detrimento de la organización atlántica.

Ese es el miedo y la razón de que se opongan a este plan los países del este de Europa: las misiones de la UE suelen tener que ver más con África y el ámbito Mediterráneo que con cualquier otra zona, y ellos lo que necesitan es defensa frente a una Rusia en una tendencia expansionista a la que temen los países Bálticos y la primera línea europea, que consiste, precisamente, en los de Visegrado. Confían más en la OTAN americana que en una defensa europea, y en parte, admiten fuentes comunitarias, tienen parte de razón.

Estos países no quieren que una mayor inversión en una defensa propia pueda significar el fin de la OTAN. Hay que aclarar una cosa: lo que contabiliza para cumplir con el objetivo del 2% del PIB no es la inversión en defensa de un país, sino una partida determinada para la OTAN. A su secretario general parece, al menos en público, darle igual: quiere que todos inviertan más en defensa, y si Trump va a ayudar a ello, entonces la OTAN y él comparten ese objetivo. “Trump es un fan de la OTAN”, aseguró.

La pregunta en Bruselas sigue siendo la misma, teniendo en cuenta que el nuevo presidente no es una persona de la que nadie se quiera fiar, por mucho que digan en público: ¿Quién protege ahora a Europa? La pregunta solo tiene una respuesta: Nosotros.

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