El único argumento para defender a Clinton es Trump

No se escapa a la vista de nadie: Hillary Clinton es una candidata mediocre. Echo la vista hacia atrás y me cuesta encontrar candidatos tan mediocres en el Partido Demócrata. Representa la decadencia del ‘establishment de Washington’, ese que ha generado tanto odio (inculcado por el Partido Republicano) y, en última instancia, a Donald Trump.

Trump no deja de ser producto del odio hacia un estamento político mediocre, favorable a lo políticamente correcto, al menos a la vista de una gran parte de la población americana. El millonario (uno de los dos que participan en estas elecciones) ha intentado una y otra vez desmarcarse de lo político: no es un político, es alguien que lleva las reclamaciones de la gente normal, que encarna el sueño americano. Encarna el odio: son ellos contra nosotros. La élite contra el pueblo. Seguramente esto les suene de algo.

Lo cierto es que se suele defender a Clinton con esta afirmación: tiene un currículum brillante. Seguramente sería un buen intento si no fuera porque el único argumento para defender a Clinton es Trump.

Hay piedras que transmiten más emociones que la candidata demócrata, que se mantiene hierática, pétrea, incapaz de gestionar las emociones, incapaz de representar otra cosa que no sea el mal menor.

No significa esto que, llegada a la Casa Blanca, Clinton no pudiera ser una gran presidenta. Puede darse el caso. Lo que digo es que es una pésima candidata, y que, sin embargo, debe ser una gestora (tranquilos los del PSOE, esta palabra no va por vosotros [hoy]) genial, una jefa implacable, falta de emoción, déspota. Una alta funcionaria muy necesaria. Y sin embargo no creo en su figura como presidente.

Para mí, un presidente es un gran representante y una persona capaz de tomar grandes elecciones que se rodea de los mejores profesionales. Y no sé hasta qué punto Clinton me recuerda más a una canciller alemana que a un representante americano.

Todo el mundo mira para otro lado, pero es difícil apartar la mirada del hecho de que Hillary es la otra millonaria de estas presidenciales: quizá al votante demócrata la incomoda elegir a una candidata que cobraba junto a su marido 600.000 euros por una charla ante inversores privados.

Cuando se necesita la aparición de nuevos líderes que den un aire fresco a nuestro sistema (no que aboguen por destruirlo) y que dejen atrás las formas de la antigua, aunque presente, élite política, no cesará el crecimiento de personajes como Trump. Para contrarrestarlos no sirve la idea de reafirmarse en los candidatos del pasado, ni tampoco ceder y presentar a otro populista. Hay que generar un nuevo tipo de liderazgo que cambie nuestro sistema desde dentro, que genere ímpetu e ilusión, que de nuevas oportunidades a todos los que están desencantados con nuestra democracia actual.

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