La recesión económica que está por venir

 Nota: Este artículo está escrito para defender mi tesis ante un amigo. Se basa en conocimiento de economía adquiridos como periodista, así que cualquier anotación, consejo, corrección es perfectamente bienvenida a alarcon94press@gmail.com | No se pretende sentar cátedra, sino compartir una visión, ¡colaboren si tienen algo que decir!


 No hemos terminado de levantarnos y volveremos a caer. No me atrevo a poner fecha, pero la próxima recesión económica se producirá de forma inminente. Algunos de los mejores economistas de nuestro país y del mundo se aventuran a ponerle fecha: 2017.

Empecemos por el principio: hay que fijarse en el hermano mayor. Estados Unidos salió oficialmente de la crisis económica en junio de 2009, habiendo entrado en diciembre de 2007. Fueron 18 meses de recesión.

A diferencia del estándar en el que nos movemos en Europa, donde la recesión se inicia oficialmente tras tres trimestres en negativo, en Estados Unidos es la National Bureau of Economic Research la que decide cuándo entra el gigante norteamericano en crisis.

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Aquí está la tabla de la NBER: 1ra columna corresponde al periodo de contracción, 2da columna al ciclo expansivo | Los datos del actual ciclo no están incluidos porque el ciclo no se ha cerrado. Os dejo el link de esta interesante tabla del NBER aquí.

Pongamos en contexto: 18 meses de recesión pueden no parecer mucho. La última vez que alguna crisis se le acercó (en cuanto a duración) fueron la crisis de 1981 (16 meses), aunque en un contexto de inestabilidad general global, y la crisis del petróleo, iniciada en 1973 y que duró también 16 meses. No me gusta contar mucho con esta última porque fue de origen exógeno, una decisión de la OPEP que afectó a todos, pero no una crisis estructural de las economías capitalistas.

Si nos remontamos más atrás encontramos la recesión de 43 meses que comprendió desde 1929 hasta 1933. La Gran Recesión. Ésta sí que fue estructural, una crisis del sistema, a diferencia de las de principios de los 80 y la del 73. El caso es que el capitalismo cambió, y desde entonces, poco a poco, se ha conseguido ir acortando los periodos de recesión, y ampliando los periodos de expansión. Es un proceso elástico, pero no tiende a infinito.

Profundicemos en esto: la NBER recoge datos desde 1854. Analicemos (lo analizan ellos por nosotros) cómo se ha ido produciendo esto. Entre 1854 y 1919, el periodo medio de expansión era de 26 meses, y el de recesión de 21. Prácticamente se pasaba el mismo tiempo en crisis que en crecimiento. Entre 1919 y 1945 la media de ciclos en crecimiento era de 35, y de recesión la media era de 18 meses (aquí hay que contar con esos 45 del crash del 29).

Entre 1945 y 2009 la media de duración de los ciclos de crecimiento es de unos 68/69, y la media de los ciclos de recesión es de 11 meses. Quien crea que el capitalismo (que tiene un problema grave, obviamente) no ha mejorado con el paso del tiempo, al menos en cuanto a su rendimiento económico (hablando única y exclusivamente de crisis, otra cosa es cómo haya cambiado el reparto de riqueza, etc), aquí tiene una clara muestra de que se equivoca.

Pues bien: que se extienda no significa que sea elástico hasta el infinito. La media de nuestro tiempo es de unos 69 meses creciendo. Desde la salida de la crisis en junio de 2009 Estados Unidos lleva encadenados 86 meses creciendo. Viéndolo desde ese punto de vista, está claro que podemos ver que ese estiramiento puede estar empezando a llegar a su fin.

Y habrá quien diga: sí, pero si observamos la tabla podremos ver que hay periodos de crecimiento mucho más amplios. Veamos, por ejemplo, antes de la crisis de 2001. Se encadenaron 120 meses de crecimiento. Espectacular, ¿verdad? Después de 8 meses de crisis en 2001 se encadenaron otros 73 meses. No me hagan recordarles qué pasó después de estos dos momentos de expansión.

En cualquier caso, este es el cuarto ciclo expansivo (todavía no finalizado, ya que todavía seguimos en él) más largo desde que se tienen estos registros.

Cuando en economía todo parecen buenas noticias y parece imposible caer es cuando se corre mayor riesgo: en economía siempre se cae. Esto es lo que hace pensar a muchos expertos que este ciclo de casi 87 meses puede estar empezando a ser suficiente.

¿Podrían superarse holgadamente los 87 meses de crecimiento? Sí, por supuesto. Pero volvamos a tomar una fotografía general para entender por qué sospecho que esto no pasará: la crisis económica está todavía demasiado fresca, y no parecería muy coherente olvidar tan rápido la lección aprendida y seguir creciendo a toda costa. El miedo sigue en el cuerpo. Las empresas (y los gobiernos) tienen todavía en mente 2009. En ‘Breve historia de la euforia financiera’, John Kenneth Galbraith desmenuza la naturaleza del ser humano respecto a eso mismo, la euforia: el economista pone un límite de memoria financiera, y lo sitúa en los 20 años.

Quizá ese límite sea ya, en nuestra sociedad, algo inferior, pero todavía recordamos lo que pasó en 2009. Al menos eso creo. Aunque mucho menos de lo que deberíamos, porque todavía escucho atónito por la radio como se dan como buenas noticias el hecho de que crezca el sector inmobiliario.

Las normas que se establecieron tras la crisis del 2009 siguen, por ahora, vigentes. Y cada vez hay más bancos que se quejan de que la regulación que se les impone desde la crisis les parece excesiva.

En 2010 el G20 se dio un marco común con Basilea III, una forma de restablecer las normas del sistema bancario mundial, en el que uno de los puntos fuertes era la creación de colchones de capital y liquidez, que los bancos tuvieran que retener más dinero, en vez de invertirlo. Esta es la principal queja de los bancos respecto a Basilea III, y ya son varias las voces que se alzan contra ello: los tipos de interés son bajos, los bancos han perdido muchos de sus clientes que, a falta de financiación bancaria, han encontrado fuentes en otros lados. La cosa para ellos está muy fea.

El poner en duda algunas de las normas regulatorias establecidas en 2009 puede ser (o no) un síntoma de olvido. Aprovecho para introducir algo que mucha gente no sabe: Basilea III creo el Fondo de Garantía de Depósitos, es decir, que si un banco quiebra, cualquier persona recupera el dinero de su cuenta (hasta 100.000 euros, aunque no creo que muchos de nosotros tengamos esa cantidad). Los avances que establecidos en Basilea en 2010 también pretendían que los ciudadanos no volvieran a cargar con el peso de un ‘crash’.

No me quiero desviar:

Hay más indicativos, además de que el ciclo se agota. En EEUU se revisa a la baja el PIB, no termina de levantar el empleo y las dudas vienen y van. Los bajos tipos de interés han subido, pero parece que la incertidumbre hará a la Reserva Federal esperar a más adelante para seguir con las subidas de tipos. El contexto no es mejor si miramos a la política y a las elecciones generales que vienen.

Las políticas de los bancos centrales (incluidas las políticas expansivas, así como todas las facilidades posibles a la banca por la putada de los bajos tipos, como es el LTRO II del BCE) parecen no surtir efecto. El de Japón es el más desesperado por la situación de la economía nipona desde hace décadas. Algunos economistas se atreven a pedir que nos preparemos para ver cómo implantar el helicóptero monetario: dar dinero directamente a los ciudadanos a cambio de que lo gasten en un espacio de tiempo determinado. Una descarga eléctrica al mercado que no tiene por qué funcionar.

La banca afronta un proyecto de futuro realmente difícil, que expliqué en un anterior post, que podéis leer aquí.

La política mundial tampoco ayuda a la confianza y a la inversión: el crecimiento de las extremas derechas en Europa y el Brexit (que si bien sus consecuencias no se notan hoy, pero muchos expertos defienden que empezarán a notarse en el futuro) dañan tremendamente las posibilidades de futuro de la Zona Euro, y en caso de una victoria de Trump en EEUU, harían que Europa tuviera el riesgo de perder un socio fundamental en el tablero mundial. Y eso afecta, y mucho, a la economía.

No sé si será dentro de un año, o de una semana. Y no sé si será más grave que la de 2009. Pero llegará, y lo hará pronto. Y los países (sobre todo los de €zona) no se han preparado lo suficiente para un nuevo impacto, a pesar de los avisos recibidos. La economía europea (la española de forma brutal) está dopada por el BCE, y a pesar de que Fráncfort ha avisado de que tomemos medidas estructurales no lo hemos hecho, al menos no lo suficiente. El golpe será importante.

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