Discurso de graduación C.U Villanueva 2016

Esta es solo mi parte de un discurso más largo y en que hicieron varios compañeros de la Universidad. 

Madrid, 16/06/2016

Les voy a contar una historia, la de un italiano, no demasiado famoso fuera de las fronteras de su país. No pintó ningún cuadro, no construyó la columnata de la Plaza de San Pedro, no escribió ‘El Príncipe’. Así que, efectivamente, no es demasiado conocido.

Íñigo Domínguez, corresponsal en Italia de Vocento, describió la historia de la que le voy a hablar de la siguiente forma: “Imaginen que el hijo de un etarra en la Euskadi profunda, escribiera, en los años duros del terrorismo, un panfleto de letras gigantes con esta reflexión: ‘ETA, montaña de mierda’.” Bueno, pues eso era un juego de niños comparado con lo que hizo un chico llamado Peppino Impastato, nacido en Cinisi, cerca de Parlermo. Con 16 años empezó a imprimir un panfleto llamado ‘L’idea socialista’, y un año después tituló a grandes letras: ‘Mafia, montaña de mierda’. Era 1967. Su padre, aliado del capo de la mafia, le echó de casa tras darle una paliza. Su hijo nunca paró. En 1977, en una emisora de radio que él mismo había fundado, comenzó un programa de radio: ‘Onda pazza’. Onda loca. La locura necesaria para defender la dignidad y los valores cuando sabes el precio que puedes pagar. En el programa del 7 de abril de 1978, Impastato se mofó de la mafia y sus chanchullos con el aeropuerto de Palermo, construido en Cinisi.

El 8 de mayo de 1978, solo un mes después de aquella emisión, los italianos se desayunaron con una terrible noticia proveniente de Parlermo: a Impastato lo habían torturado y asesinado de una forma brutal, como nunca antes se había hecho.

En Parlermo, donde todos eran amigos de la mafia, y donde nadie se atrevía a mover un dedo, un chaval se tiró once años aireando casos de corrupción y siempre con muy buena información. Eso era pintarte una diana en la frente, era condenarte a muerte. Pero Impastato nunca cedió: mantuvo sus valores hasta las últimas consecuencias, fueran las que fueran. Impastato sabía que le iban a asesinar desde el mismo momento en el que salió de la casa de su padre, y jamás cambió de opinión.

Los valores será aquello de lo que nunca nos podrán despojar. Jamás. A partir de hoy salimos a un mundo frío, gris y que necesita cambios, y solo los que mantengan sus valores y sus convicciones no se convertirán en fríos, grises y necesitados de cambio. Solo aquellos que se mantengan firmes en sus convicciones habrán aprovechado el paso por la Universidad. Porque en estos cuatro años no nos han enseñado solamente el código penal, a escribir bien, a ser director de cine, los fundamentos de la empresa o a saber educar, no; nos han intentado dar las herramientas necesarias para desarrollar nuestro propio pensamiento y desarrollar nuestro papel en el mundo, ya sea grande o pequeño. Nos han dado las herramientas y las experiencias para ensanchar nuestra visión del mundo. Nos han dado el tiempo para pensar qué queremos que cambie a nuestro alrededor. Nos han dado los momentos necesarios para entender que nosotros no deberíamos poder permitirnos el tener miedo a los cambios, sino deberíamos temer que nada cambie. No podríamos haber tenido un paso mejor por una Universidad mejor.

¿Y cómo desarrollar esos valores y cómo mantenernos firmes? ¿Hace falta sacrificarse o ser un Impastato? No. Hace falta hacer las cosas que creemos que son correctas, y, sobre todo, hacer las cosas con pasión, como las han hecho nuestros profesores y cada persona de Villanueva durante estos cuatro años. Ellos también son un ejemplo para nosotros. Hoy salimos de aquí en busca de aquello que nos apasiona, de ese trabajo por el que sentimos vocación. Solo manteniendo esa pasión intacta, ese amor puro por lo que queremos hacer, estaremos colaborando con la misión de mejorar este mundo.

No hace falta una gran empresa para poder llevar a cabo este papel importantísimo en el mundo. Solo es necesaria la pasión. No hace falta ser el mejor abogado, el mejor empresario o maestro del mundo, porque si no sientes que lo que haces es lo que debes hacer, no sirve para nada. Es mucho más útil para el mundo un jardinero apasionado por su profesión, que un publicista o que un periodista amargados con su existencia. Porque estará aportando pasión al mundo. Una pasión que es mucho más inspiradora y necesaria que cualquier otro trabajo, por muy bien valorado que pueda estar por las convenciones sociales. Hagamos lo que nos apasione, no tengamos miedo a nada, nos queda mucha vida por delante.

Quien no tiene pasión y no tiene entrega por lo que hace no irradia nada. Los profesores nos han enseñado a pensar durante estos cuatro años. Nos han enseñado a estar vivos en nuestras ideas. Nos han enseñado a encontrarnos a nosotros mismos, y a encontrar nuestras causas. Aprovechémoslas. Defendámoslas. Y llegado el momento y si las cosas se ponen feas, por supuesto, sin miedo a morir por ellas.

No tengamos miedo a cambiar de rumbo si lo que estamos haciendo no lo hacemos con ganas y con fervor, porque cada día que pase haciendo aquello que no nos dice nada, solo estaremos muriendo un poco más.

Y por supuesto, no tengamos miedo a revelarnos. No tengamos miedo a defender nuestros principios, aunque vivamos en un desierto moral. Nunca dudemos en pelear y seguir peleando.

Y para terminar, voy a usar una cita de Malcolm Muggeridge, adaptada a las circunstancias: Nunca olvidemos, queridos compañeros, que solo los peces muertos nadan a favor de la corriente.

Enhorabuena a todos los que nos graduamos. Muy buenas tardes y muchas gracias a todos.

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