‘Lo contrario de la soledad’

‘Lo contrario de la soledad’ es la primera y única obra de Marina Keegan, un libro que, ya en su título tiene muchísimo poder y refleja esa mente compleja y enmarañada que plasma en sus textos Keegan.

¿Por qué es especial esta obra? Keegan, nacida en Boston en 1989, acababa de graduarse en Yale magna cum laude cuando, dos semanas después, moría en un accidente de tráfico. Iba a desarrollar sus prácticas en el New Yorker, esa revista con la que forraba las paredes su habitación en la Universidad.

La familia, sus profesores y sus amigos trabajaron para reunir y ordenar todos los textos escritos por Marina Keegan durante aquellos años. Su discurso de graduación en Yale, comenzaba así:

“No tenemos una palabra que designe lo contrario de la soledad, pero, si la hubiera, definiría lo que yo quiero en la vida. Aquello que estoy agradecida y honrada de haber encontrado en Yale, y lo que me da miedo perder cuando mañana, después de la graduación, me despierte y abandone este lugar.”

El libro, dividido en textos de ficción y textos de no ficción, es un cúmulo de grandes ideas, originalidad y buenas historias. No es una obra genial, porque no tuvo tiempo de escribirla, porque no tuvo tiempo de madurar todas esas ideas, pero desde luego es una obra genial para una chica de 21 años que todavía no ha recorrido suficiente camino en la vida. Keegan escribe como una chica de su edad, como dice su profesora. No pretendía escribir como una persona de cincuenta, como solemos intentar quienes escribimos y somos jóvenes. No escondía nada de su juventud, justo al revés.

Los temas que trata Keegan tienen un doble fondo siempre. Los textos de ficción están cargados de mensajes escondidos tras historias en las que la muerte es una sombra que nunca abandona la narración.

En el último texto de ficción, ‘Abismo Challenger’, Keegan consigue un efecto de agobio y de ansiedad que pocos relatos de ficción logran. A pesar de ser un texto oscuro, en el que la principal característica es que no hay luz, ninguna, Keegan consigue que toda la narración se desarrolle a la perfección. Podemos ver y oír la oscuridad.

Los textos de no ficción me han agradado mucho. El perfil a un exterminador de ratones está lleno de detalles y de aspectos que hacen de ese artículo una auténtica obra propia del New Yorker, esa revista que tanto admiraba Keegan.

Es una obra excelente y es necesario añadirla a la biblioteca personal de cualquier persona. Keegan habla de envidia de todos aquellos que hacen las cosas bien, y es imposible leer esta obra sin pensar en que también se tiene esa misma envidia de la propia Keegan. Porque yo, leyendo este libro, la he tenido.

 

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