Yo creé a Trump

Tiendo a ser peliculero, melodramático. No sé si va de fábrica con ser periodista, pero creo que no, siempre lo he sido. Es de entender que cuando apareció Donald Trump todos los periodistas (americanos y no americanos) nos frotamos las manos como moscas. No es muy diferente al fenómeno Mourinho. Es ir a una rueda de prensa esperando a ver a quién desmembraba aquel día. La mínima diferencia es que uno se postula a presidente de EEUU, y el otro no (aún).

Trump es un monstruo del que tenemos parte de culpa. No voy a entrar en que es culpa del establishment de Washington y del Tea Party (que se indignan mucho con los talibanes de Afganistán y Pakistán, y no son tan diferentes a ellos, aunque vayan en traje y corbata) porque es una puta mierda que no interesa a casi nadie. Pero nosotros, los medios tenemos una parte muy importante de culpa.

Imaginemos que llegamos a una reunión de primera hora a proponer temas. “Ha habido un enfrentamiento interesante sobre la cobertura a las rentas más bajas y sobre qué hacer con el Obamacare” dice Jimmy. “Trump ha dicho que podría ponerse a disparar en el centro de Nueva York y no perdería ni un voto” dice distraído Paul. “¡Eso! ¡Eso! ¡Sí! ¡Joder!” grita el editor con la corbata medio desabrochada y derramando algo de café por la emoción. Se ve como Da Vinci ante su obra maestra.

Es más interesante hablar de putos muros y de las idas de olla de un maniaco come alfombras que de cualquier otra cosa. ¿A quién coño le importa hablar de temas serios? ¡Que les jodan! “El público no quiere pensar”, nos dicen a veces a los periodistas. “Pues que se jodan y piensen, o que apaguen la puta televisión o cierren el periódico, a lo mejor en mitad de ese silencio se dan cuenta de lo ignorantes en lo que nos estamos convirtiendo”, defienden otros. Yo formo parte de estos segundos, pero no niego que un directivo ve al tipo este con una comadreja en la cabeza y ve en él al salvador, al mesías, a los números verdes hecho hombre.

Y no se engañen: cuando los medios le dan coba a un tipo, por muchas gilipolleces que diga la gente acaba votando. ¿Por qué? Porque no quieren pensar. Y deberíamos saberlo bien en nuestro país. No quiero señalar a nadie.

Y que conste que no creo que Trump llegue a presidente: no es lo mismo conseguir 10 millones de votos en las primarias republicanas que los 65 millones medios que se necesita para ganar en las presidenciales.

Pero en cualquier caso, ya está aquí. Y ya ha hecho mucho daño, aunque pierda por paliza ya habrá abierto una herida en EEUU y en el mundo. Habrá generado un: “Es posible, puede pasar”. Y aquí estamos, en mitad de este barrizal, hundidos hasta las rodillas y con las manos manchadas. Ya nos hemos reído, ¿verdad?

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